De crío, Indiana Jones no era mi único héroe. Ir al cine era algo realmente especial, pero la mayoría de las películas las veíamos en televisión, y en esta disfrutaba con las peleas simpáticas entre el beato Don Camilo y el comunista Peppone, reflejo de las dos Italias de la postguerra que aún parecen existir, me reía con las desventuras del gendarme Louis de Funnes y sus astracanadas, con Vittorio de Sica persiguiendo exhuberantes señoras en blanco y negro y una reluciente sonrisa. Con el forzudo Steve Reeves, ya fuera en un peplum o una de Sandokan, con los muchos rostros que encarnaban a héroes mitológicos como los Argonautas y los marinos de Simbad, sin saber quien era el tal Harryhausen al que se le daba tan bien animar monstruos y esqueletos con espadas. Con Sabú volando agarrado a la coleta del gigantesco genio de la lámpara como inspirando al Atreyu de LA HISTORIA INTERMINABLE, las producciones alemanas de las Mil y una Noches y también las americanas de la Republic Pictures q...
Blog de películas, en una época en la que ya nadie lee blogs y donde no se sabe si el cine se seguirá proyectando en salas o sólo en plataformas, tabletas y teléfonos móviles.