Cuando veo las películas realizadas en las fronteras, en el extrarradio, en las afueras de las metrópolis del mainstream, entonces me doy cuenta del extraordinario hecho cultural que es una película, comprendo mejor que el cine hay que protegerlo y valorarlo cuando excede de producto de entretenimiento. Fuera ya del argumento o de la motivación que las movió a ser realizadas, estas películas balcánicas, rusas, iraníes, chinas o de senegal, muestran algo específico e intenso : la verdad, la veracidad, la humanidad de sus historias y personajes. Cuando se premia en todos los festivales importantes a estas cintas, no estamos hablando sólo de modas o esnobismos, es que el cine es un artefacto que enseña y emociona, más allá de géneros estereotipados. Escuchar lenguas extranjeras extrañas debe convertirse en una celebración sagrada. El cine, al igual que el fútbol, hermana culturas y continentes. Hay otro matiz, no menos importante, que me maravilla de estas películas, y es el uso de la mús...