Soy un lector apasionado de Philip Roth, y con eso lo digo todo. Algo ha quedado de su novela El animal moribundo en esta película-encargo de la Coixet, quizá lo mejor de aquella. El libro cuenta una historia descarnada, dura, pesimista, que no tiene piedad con el personaje principal. En la película, Ben Kingsley hace una gran interpretación, y le imprime emoción y credibilidad, a pesar del tono romanticón-indy, sello de la casa de la realizadora catalana. Posiblemente sea la cinta menos pedante de esta directora, y si se notara menos su mano, si se hubiera limitado a ser una buena artesana, siguiendo lo que ya es de por sí una buena historia, hubiera quedado mucho mejor, porque como casi siempre pasa en su cine, falta algo, se acerca al alma de los personajes pero no los traspasa. Sigue siendo demasiado dependiente de la forma, de la estética, de la música, y no sabe o no quiere crear con la materia prima que le dan, la obra maestra que hubiera podido conseguir. Quizá no sea todo culp...