Ojalá pudiéramos olvidarnos ya de Jerusalén, del problema de Oriente Medio y de esa eterna guerra de desgaste que lleva 60 años ensangrentando la zona. Esta película basada en el best seller de Larry Collins y Dominique Lapierre se queda corta, muy insuficiente, excesivamente televisiva, quizá por la falta de medios de una coproducción europea. Es todo muy esquemático, personajes y situaciones, aunque se agradece el intento de imparcialidad, que no me queda tan claro. Porque en realidad, el personaje principal es un americano judío, que sin quererlo, se ve involucrado en la lucha por crear el estado de Israel. No se comprenden muy bien, si era un hombre de paz, las razones que le llevan a pringarse y a batallar intensamente por la causa sionista. Esto si se explica en el personaje de Saïd, el árabe palestino amigo suyo que se decanta por la causa de su pueblo contra la creación de Israel. Obviamente, los palestinos no querían un nuevo estado en sus tierras, ni que los echaran de su paí...