Scream 7 es más de lo mismo, juega con los avances de la sociedad de su tiempo, esta vez la IA y los personajes viejunos y clásicos de la saga sangrienta. Desde la antepenúltima, muestra una faceta más gore en los apuñalamientos/destripamientos, pero a la gente no parece darle mucho miedo el/los asesinos. A la gente miedo le da el que tiene al lado. la pobreza y los desahucios, pero no el asesino enmascarado de la pantalla. Eso no quita que el terror sea el género más exitoso en taquilla actualmente. También el regreso de Kevin Williamson, que se mueve como pez en el agua en esta saga noventera. Siempre me gusta, aunque ya empiezo a acusar el cansancio generacional, porque la edad no perdona, las rubias wasp universitarias y las bandas de rock chandalero de su b.s.o., clásicos eternos de instituto yanqui. A pesar de los desencuentros con este país, sus iconos ya forman parte de nuestra cultura colonizada. Ojo, el plantel latino de la anterior película fue fulminado al posicionarse a favor de la causa palestina. De ahí que la 7 sea la secuela con menos diversidad, más allá de lo simbólico, de la saga.
Siempre es un placer y un gozo divino, ver un thriller clásico de un director de la nueva vieja escuela, Spike Lee, que tantas obras maestras nos ha dado. Durante años he mantenido en vhs una de mis películas fetiche, con Denzel Washington, su actor /amigo, "Mo´better blues", una maravilla dedicada al mundo del free jazz. Lee es un cineasta de los grandes, amante de la música, de la militancia negra y del deporte americano. Surgido a finales de los 80, con un estilo desenfadado y peculiar, urbano y de barrio, pero a la vez muy cinematográfico, libre y cómico. Siempre lo quiero ver actuar, pues se especializó en personajes algo frikis y llenos de humor, una especie de Woody Allen afroamericano. En esta no sale, pero quiero verle en el personaje que interpreta magistralmente Jeffrey Wright. Denzel, sobreactúa demasiado hasta un nivel estomagante, en mi opinión, aunque sea el protagonista absoluto. Pero la película, un remake de Infierno de odio, de Kurosawa, toca varios palos, aunándolos en un thriller brillante y entretenido. Por momentos, la trama y el tono parecen de Antoine Fuqua, como película de acción. Pero destaco que Lee y Denzel saben manejar con solvencia las varias capas de conflicto moral y la ambigua conclusión, pues su personaje principal sigue siendo una persona con dinero y poder, que puede elegir su destino, y que no es muy consciente de la influencia que ejerce en las capas bajas de la sociedad, que quieren imitar su cuestionable camino hacia el éxito musical.

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