El cine-espectáculo-industria, más de 100 años después de aquel tren que se dirigía hacia la pantalla, sigue muy vivo. Ahora toca este salto tecnológico, en el que ya se puede casi tocar lo que sale en la sábana blanca. Es algo viejo y nuevo a la vez. Ha sido visto mil veces, soñado e intuido. Antes eran las gafas de cartón verdirrojas, ahora gafas de pasta oscuras por 3 euros más de media que una entrada de cine "normal". La gente aplaude al final de la película, y uno ha sentido vértigo o creía que era el personaje. Es algo nuevo, desconocido, y quizá hasta peligroso. En malas manos, podrían hacerte consumir determinada marca. O no, ¿quién sabe?. Cameron nos vende una fábula ecologista, simple y efectista-efectiva, de contenido irreprochable. Pero el envoltorio, la forma es la misma, negocio y dinero. Para mi gusto hay demasiada guerra, y el argumento, visto una segunda vez, no resiste más lecturas. Sólo he pensado en las posibilidades creativas del medio : igual que en est...