Bueno, quizá sea excesivo o pretencioso tachar del 8 y 1/2 de Almodóvar su última película. En realidad, lo que siempre me ha gustado más de este director es el tono costumbrista y esperpéntico de sus personajes y situaciones, que además se engloba en una tradición destacable de nuestra cultura del siglo XIX y XX. Cuando Almodóvar refleja tipos en apariencia exagerados, pero que contienen una verdad reconocible y humana de nuestra sociedad, acierta porque nos vemos reconocidos de alguna manera. Cuando se pone trascendental, poético, afrancesado, no siempre lo consigue. El oficio y el arte le han proporcionado una coartada estética, que a nivel fotográfico y técnico, crea bellos encuadres y movimientos, pero no es lo que más me interesa de este autor. En Los abrazos rotos contemplo un folletín buñuelesco, cercano al director aragonés de su época mexicana, y una autoparodia de su propio cine, o por lo menos, del más típico y representativo. Cuando a Almodóvar no se le sobrevalora, y se l...